Te vi tantas veces
Bajar los brazos y rendirte al destino,
Que no supe nunca si no aprendiste a luchar…
O si simplemente luchaste tanto
que dejaste la esperanza y las ilusiones
atropelladas en el camino…
¿En qué momento sombrío, vida mía,
te aferraste al silencio?
¿Cuál frio invierno te obligo a cerrar tus alas
y cesar tus vuelos?
¿En qué momento se callaron tus sueños?
No te vi llorar jamás…
Fuiste como la roca que arrastra la corriente
En el rio infinito de los deseos no cumplidos…
Llenaste tu vida de risas a medias,
De sueños perdidos, de ritos triviales
Y una constelación de falsas estrellas…
Que triste es vivir así,
Amor,
Con las manos llenas y el corazón vacío…
Con los sueños rotos guardados en los bolsillos…
Llenaste todos tus rincones con burbujas de colores,
Pero te veo venir,
Y duele,
Duele advertir la tristeza
Que se esconde detrás de tus ojos cansados…
Quizá no hubo alma que pudiera darte lo que has perdido,
Ese suspiro que se escapó de ti
Una noche de luna…
¿Cuántas guerras has perdido
en esa línea que divide lo que quisiste ser y lo que eres?
Lo que quisiste amar y lo que se quedó contigo…
Quizá cuando dijiste adiós por última vez,
No comprendiste lo mucho
Que necesitabas su risa y su calidez…
Quizá olvidaste apreciar la luz
Que se te escapaba cuando se asomaban sus ojos,
Lo mucho que necesitabas sus versos
Para sentir tus latidos
despertando la vida
que se esconde en tu piel húmeda y tibia.
Te vi tantas veces,
Y me encontré a mí misma,
Con mi terquedad y mi constancia,
Con mi inmensa paciencia,
Con mi serenidad y mis aromas,
Y mis eternos lamentos…
Con mi manía de construirte ilusiones de cristal,
Todas las tardes,
Mientras espero asomar la luna en el cielo infinito…
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