Te he extrañado,
y no en esa forma fría de extrañar,
donde tú te conviertes en pensamiento lejano
y yo en una solitaria que se ahoga en la melancolía.
Te he extrañado en la forma parisiense de decirlo:
tu me manques…
porque al final,
amor mío,
no es que yo te extrañe,
es que tú me faltas…
Es que le falta a mi vida tu sonrisa,
tus sueños de niño,
tu humor de madrugada,
tu filosofía,
tus pies descalzos sobre la arena,
y la calidez del leve roce de tus manos sobre mi espalda…
Le falta a mi vida,
tu voz,
y esa luz que se te escapa cuando
adviertes mi sonrisa,
y ganan tus contradicciones…
Como negarse al amor,
mientras floreces!
Te he extrañado,
como cuando miras al reloj,
y el tiempo se detiene,
como se extraña a la paz
mientras te vistes de lucidez…
Como se extraña regresar al hogar,
en esos viajes largos e interminables.
Te he extrañado,
como se extrañan a esos recuerdos
dulces que te pintan una sonrisa en el alma,
como se extraña a la felicidad…
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