Me refugio en el silencio de la noche
y el canto de sus grillos,
y veo como tilitan las estrellas en el azul infinito,
y como la luna brilla cuando se llena de sol…
y declamo un par de poemas en tu nombre,
y sonrío…
Me aferro a la sencillez de la aurora,
al aroma de las flores,
a la tierra húmeda por la lluvia reciente,
y el vuelo de las abejas hacia el nectar…
y sabes, todo me parece una maravilla
y todo me parece suficiente.
Para ser feliz, me bastan las cosas sencillas,
como sentir el sol quemar mi piel castaña
mientras me siento descalza en la grama,
sentir el oxigeno recorrer mis venas
despues de una larga caminata,
o admirar el vuelo de los pájaros en el otoño…
No me doy el permiso de acumular recuerdos efímeros
de un pasado que se convirtió en silencio,
y trajo consigo las derrotas de tus huidas,
tampoco me aferro a esos sueños
que ya has mutilado con tu olvido…
aunque confieso la ligereza con que se desliza
el eco de tu voz sobre mis recuerdos…
A veces me ahogo,
voluntariamente,
para convertirme en mar…
y así con el mar en el pecho,
espero a que tus recuerdos naufraguen en mi horizonte…
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