Como decirte que te quiero todos los días de mi vida,
con esta distancia ensombreciendo los rincones
en los que te pienso.
Tus recuerdos llenan mis días con esa ternura tuya,
que me he inventado… y no te vas de mí.
Te aferras a mi pecho como un niño asustado,
y mis miedos se vuelven tinta.
Te escribo un par de líneas,
para ver si un día de estos, te atreves a leerme completa.
Pero tú vacilas… y yo me refugio en mis versos.
Me callo los ‘te quiero’ para que no te alejes,
y pretendo ser dueña de mi misma,
con esa falsa calma que esconde el incendio
que me provoca el simple roce de tus dedos en mi espalda.
Lleno mis vacios con tu sonrisa,
mientras me apresuro a empacar mis maletas,
para emprender el viaje
de encontrarme a mi misma,
de elegirme a mí misma, de abrazar mis miedos.
No sé en que momento,
empece a sentir miedo que me buscarás,
y que me encontrarás de casualidad en cualquier lugar,
siendo la que soy ahora y no la que fuí para tí cada tarde.
Sé que no vienes.
Sé que no te quedas.
Y mis versos se pierden entre mis miedos y tus recuerdos.
Quizá si te quedaras, mi niño,
sabrías de mi amor.
Pero hoy te he visto feliz.
Y mis líneas tímidas se callan, y me reclaman
que el amor nace y se siente en la piel,
no sé inventa entre las líneas de un poema mal hecho,
o las notas desesperadas de una canción.
Hay una cierta melancolía que me persigue,
y un amor incontenible que me desarma,
que se lleva los sueños y me deja
entre las manos este vacío de no encontrarnos.
Mentiría, sino dijera que te veo feliz y sonrío,
con una serenidad y con esa satisfacción
propia del amor que me guardado en esos rincones
que sólo tú conoces.
Ya no llueve con esas tempestades del pasado,
pero todavía se me nublan los cielos sin tí.
Y entonces, mi amor, para encontrar la luz
que se me esconde detrás de tus ojos,
escribo versos a tu recuerdo.
Conoces todo de mí, como nadie,
y te dejas seducir por mis letras.
Y yo, conozco de tí la oscuridad que escondes,
y todo esos miedos que callas,
y te amo igual, con esta manera sencilla de amar,
donte tú eres muy tú, y yo.. muy yo.
Y entonces mi locura se aferra a tu fuego,
y escribe los versos que bailamos juntos bajo la luna,
mientras mis dedos se enredan en tu pelo
y tus labios trazan constelaciones en mi espalda.
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