Y es así como yo te veía,
con la poesía en los labios,
con la música en el alma,
con las alas extendidas,
con el cielo reflejado en tu ojos.
Y te soñaba cada noche,
con los colores del otoño iluminando tu rostro,
con la alegría de los años bien vividos,
con el hambre en el alma por nuevas aventuras y nuevas sonrisas,
con el sol quemando tu piel castaña,
con el alma despierta,
con el corazón abierto a la esperanza.
Y sabía, muy dentro de mí, que no eras perfecto,
pero perfección no es lo que yo buscaba.
Tú eras alma, tú eras esperanza,
tú eras espiritu salvaje,
tú eras las aventuras desbordadas.
Pero no eras mío.
Y el frio, me congelaba el alma.
Nunca te pedí nada que fuera tangible,
quería de tí las cosas imposibles,
quería de tí las sonrisas,
las caricias, la complicidad,
quería de ti el alma,
y tu espiritu aventurero.
Quería de tí los besos.
Y creía que mi amor te cubriría,
creía que mis palabras te protegerían del odio,
creía que mis besos curarían las heridas
y que mis abrazos saciarían tus ganas.
Creía que mis ojos te darían alegría
y que mi piel dorada te incendiaría las ganas.
Creía que mi poesía conquistaría tu corazón incrédulo,
y que mi alma desnuda, desnudaría tu alma.
Y sabía que todo fué sólo poesía,
poesía triste, poesía extraña.
Y que el día había llegado
de decir adiós, aunque el silencio me partiera el alma.
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